La Bicicleta 🚲

Hace algún tiempo compré una bicicleta para mi hija. En la tienda yo vi una bicicleta hermosa, brillante, lista para rodar… y lo que me entregaron fue una pequeña caja de cartón. Lo primero que pensé fue que se habían equivocado en la entrega, así que llamé a la tienda para aclarar la confusión. Su respuesta no fue nada reconfortante, fue un contundente: “Usted la tiene que armar”. 😒

Cuando abrí la caja en la cochera y vacié su contenido, descubrí lo que claramente eran unas 10,000 piezas sueltas, bueno, tal vez estoy exagerando un poco, pero con mi desesperación se sentían como 10,000. Había tornillos, tubos, ruedas, cosas redondas, cosas puntiagudas y varias piezas que todavía no sé si eran de la bicicleta o solo venían de regalo para confundirme más. 😂

Entre ese caos encontré un folleto con un título descaradamente optimista: “Pasos para un armado fácil”. Fácil… claro. Leí las nueve páginas y los 54 pasos “sencillos”, cada uno diciéndome que uniera una pieza con nombre impronunciable —que no podía encontrar— con otra pieza igual de misteriosa —que tampoco podía encontrar—. 😤

Ahí estaba yo, mirando una montaña de metal, plástico y goma, sosteniendo un manual claramente escrito para ingenieros con maestría y doctorado, sintiéndome perdido, solo y sin ganas de vivir. En eso entra mi hija, me mira con una gran sonrisa y pregunta:
—“¿Ya está la bicicleta?”

Luego vio la pila de piezas y entendió todo sin que yo dijera una palabra, su sonrisa desapareció y soltó un “ah…” lleno de resignación, para luego retirarse lentamente, como diciendo: “lo sabía”.

En ese momento algo cambió. Tomé el manual con una motivación renovada: no podía fallarle a mi hija, bueno, en realidad fue un “esta bicicleta no me puede ganar”, pero suena mejor eso de no fallarle a mi hija. 😬 De pronto, esos 54 pasos se volvieron dulces instrucciones… bueno, no dulces, pero al menos tolerables. Dos días, muchas frustraciones y varias crisis emocionales después, le presenté a mi hija una bicicleta completamente funcional y elegante.

La Biblia es nuestro manual de instrucciones. Muchas veces nuestras vidas están como esa bicicleta: en 10,000 partes, tiradas por todos lados, sin orden ni sentido. Y seamos honestos, el manual no siempre es fácil de entender y muchas veces tampoco es fácil de seguir. Pero cuando lo leemos con la actitud correcta, Dios siempre está ahí para darnos claridad para tomar el siguiente paso.

Así que quiero invitarte, en este año que comienza, a leer tu Biblia. No tienes que hacerlo de pasta a pasta, pero sí dedicar unos minutos al día para seguir las instrucciones que te ayudarán a armar y darle sentido a esas 10,000 partes de tu vida… y convertirte en la persona que Dios diseñó. 😎

Feliz lunes.

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