Ya estoy viejo. He llegado a una edad en la que con mayor frecuencia descubro cosas nuevas de mi físico y no precisamente cosas positivas o superpoderes. 😂 La última fue una experiencia un tanto cuanto traumática, te la platico. Resulta que estaba terminando de rasurar mi hermoso rostro y, justo al enjuagarme, me di cuenta de que tenía una protuberancia por debajo de mi barbilla, eso que los viejitos… perdón, jóvenes de tercera vuelta, llaman papada. 😮
Mi primera reacción fue salir corriendo a contarle a mi comprensiva familia sobre mi trágico descubrimiento. No lo van a creer, ya me salió papada —dije en tono sorprendido, esperando la comprensión y apoyo emocional que se necesita en esos momentos en los que el espejo te traiciona de esa manera. Pero en lugar de una respuesta empática y comprensiva, lo único que recibí fueron carcajadas. 😒
Después de casi cinco minutos de risa, cuando al fin pudieron recuperar el aliento, se dignaron a responder a mi pregunta de por qué se reían. “Te pasas, hace años que tienes papada, solo que nunca te habías visto de abajo hacia arriba en el espejo”. Me quedé sin palabras, únicamente fui capaz de poner mi cara de “ni Judas se atrevió a tanto” y salir indignado de la habitación.
A los tres días que se me bajó la indignación (sí leíste bien, tres días, porque la doñita que llevo dentro se indignó un buen), me decidí a indagar sobre el origen de la papada. Me acerqué a mi esposa y sutilmente le pregunté: “¿es en serio que ya tengo años con la papada?”.
Me respondió, ya sin las risas burlonas de los días anteriores, sí, ya tienes años con ella; es el resultado de todos los maratones Reyes-Guadalupe que te avientas cada año. Y no, no fue un error, yo no hago el maratón Guadalupe-Reyes, eso es para novatos, yo hago el Reyes-Guadalupe, casi todo un año de disfrutar las deliciosas viandas y garnachas que ofrece nuestra exuberante gastronomía.
Ya un poco más resignado, y aceptando que eso de empacarle al pan durante todo el año como si no hubiera un mañana trae consecuencias, me di cuenta de que sí, seguramente la papada llevaba ahí más de tres días; pero para mí seguía siendo algo nuevo.
Y antes de que te sigas riendo de mí, te preguntaré algo, ¿cómo es tu autopercepción? ¿Te consideras un unicornio especial parido por los dioses, o de plano piensas que no eres más que un gran convertidor de oxígeno en CO2? Lamento decirte que cualquiera que sea tu percepción está equivocada, ya que siempre será resultado del sesgo con el que ves el mundo y por lo tanto cómo te ves a ti mismo.
La solución es fácil, debemos buscar la visión clara de nuestro creador. Necesitamos acudir a Dios y preguntarle cómo es que realmente somos, sin sesgos ni distorsiones. Porque no basta con eliminar la papada, hay que corregir nuestra percepción. 🤓
Feliz lunes.
