¿Te acuerdas cuando tenías cinco años? A los cinco años ocurre algo misterioso: los niños dejan de ser “bebés adorables” y se convierten en pequeñas personas con opiniones, carácter y una sorprendente capacidad para discutir contigo usando pura lógica… mal aplicada.
A los cinco años ya no comen lo que les das. Ahora negocian. Observan el plato, cruzan los brazos y preguntan: “¿Y si solo me como la mitad?” Como si fueran abogados especializados en verduras. 😂
También desarrollan una memoria selectiva. Recuerdan perfectamente dónde guardaste los dulces hace tres meses, pero olvidan mágicamente dónde dejaron sus zapatos hace cinco minutos. Un talento digno de estudio científico.
A esta edad creen que lo saben todo. Te corrigen, te explican, te enseñan. “No es así, papá”, “No, mamá, se hace diferente”. Y tú, con años de experiencia, solo asientes porque no tienes energía para discutir con alguien que mide un metro y trae una capa invisible.
Los cinco años son la edad oficial de las preguntas infinitas. “¿Por qué el cielo es azul?”, “¿Por qué dormimos?”, “¿Por qué los perros no hablan?” Y justo cuando estás dando una respuesta profunda, rematan con: “¿Y por qué no?” 🤦🏻♂️
El dramatismo también florece. Si se rompe una galleta, es una tragedia nacional. Si pierden un juguete, es luto oficial. Si no los dejas ver una caricatura, básicamente les arruinaste la vida.
Los cinco años son caos, risas, preguntas, berrinches y ternura… todo mezclado.
Y a qué debemos la reflexión de los cinco años, pues simple, a que este blog cumple cinco años, y en mucho se parece a los niños de cinco años: Cansado, sí. Desesperante, a veces. Hermoso, siempre.
Solo puedo agradecer por los tres minutos a la semana que me das para leer las cosas que se me ocurren y también agradezco los nuevos amigos surgidos a raíz de este blog, sin duda ha sido una gran experiencia con grandes resultados. 😎
Feliz lunes.

felicidades por estos primeros 5 años🥳
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Muchas gracias 🙏🏼
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