Playa 🏖

Por fin llegó Semana Santa, esa época del año en la que todos, absolutamente todos, nos convertimos en personas profundamente reflexivas… o al menos eso decimos mientras buscamos vuelos baratos y memes de “me lo merezco”. 😁

Porque seamos honestos: tener tiempo libre revela nuestra realidad y prioridad. Y en mi opinión, en Semana Santa podríamos dividir a la población en tres grandes grupos: 

Primero están los espirituales edición premium. Ellos no “aprovechan el puente”, ellos viven una experiencia de recogimiento. Saben qué pasó cada día, participan en procesiones y probablemente ya leyeron más Biblia en una semana que tú en toda tu vida desde que descargaste la app “por si acaso”. Mientras tú estás preguntándote si comer carne el viernes es pecado, ellos ya van en nivel experto, sacrificando hasta el azúcar del café. 😬

Luego tenemos a los vacacionistas milagrosos. Curiosamente, no pisan una iglesia en meses, pero en Semana Santa ocurre el verdadero prodigio: su fe les alcanza para encontrar disponibilidad en hoteles “llenos desde enero”. Su fe no mueve montañas, pero sí consigue reservaciones imposibles y mesas con vista al mar. 😉 Para ellos, “viacrucis” es manejar 6 horas en tráfico… pero con playlist de esas que no se escuchan con refresco. 🍺 Y el único momento de verdadera reflexión es cuando ven la cuenta del restaurante y dicen: “Señor, dame fuerzas”. 😂

Y finalmente, los discípulos del sillón. Los más sinceros. Los que no fingen. Los que dicen: “yo me quedo en casa a descansar”… y lo cumplen con una disciplina envidiable. Pijama como estilo de vida, control remoto como extensión del cuerpo y una dieta basada en lo que sea que llegue más rápido a la puerta. Su momento más espiritual es cuando susurran: “un episodio más”… y lo cumplen como promesa sagrada durante 6 horas seguidas.

Lo mejor de todo es que cada grupo está convencido de que está viviendo la Semana Santa correctamente. Unos se purifican, otros se broncean y otros… bueno, otros perfeccionan el arte ancestral de no hacer absolutamente nada sin sentir culpa. Y, en mi opinión, todos están bien. A final de cuentas, no se trata solamente de lo que haces una semana, se trata de cómo vives todo el año. Porque de nada sirve no comer carne en estos días y devorar al prójimo el resto del año. 🤣

Sea cual sea la forma en que decidas pasar estos días, lo importante es que pongas a Dios primero; eso evitará que te equivoques, porque Dios siempre nos guía hacia lo que nos conviene. Y a veces eso se ve como la playa de Vallarta, o como Netflix en tu sala. 😎

Feliz lunes.

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