¿Y qué sigue? 🐟

Por fin se terminaron los mariscos, la capirotada y las películas épicas del canal 5. Oficialmente, la Semana Santa ha quedado atrás y, con ella, nuestro “modo reflexivo” automático. Es curioso cómo durante esos días todos nos volvemos expertos en teología de balneario o especialistas en recogimiento espiritual nivel premium. 😁

Pero hoy es lunes. El despertador sonó con la misma saña de siempre, el tráfico parece que se acumuló por las vacaciones y la realidad nos golpeó en la cara sin avisar. Y la pregunta que me daba vueltas mientras intentaba encontrar el segundo calcetín es: ¿Qué hacemos con Jesús ahora que ya no hay procesiones?

Me recuerda un poco a lo que les pasó a los discípulos. Después de todo el drama de la resurrección, de ver a Jesús aparecerse en medio de habitaciones cerradas y de que Tomás dejara de ser el “CSI de la fe”, los muchachos estaban como nosotros hoy: desorientados, nivel hormigas en la lluvia. 😂

¿Y qué hicieron? Lo que mejor sabían hacer: regresaron a lo cotidiano. Pedro, fiel a su estilo impulsivo, dijo: “Me voy a pescar”. Y los otros, que no tenían un mejor plan, le dijeron: “Nosotros también vamos”.

A veces hacemos lo mismo. Guardamos a Jesús en el cajón de las tradiciones junto con las recetas de cuaresma y regresamos a nuestra “pesca” diaria: al estrés de la oficina, a las quejas por el precio del aguacate o al berrinche porque alguien nos ganó el lugar del estacionamiento. Tratamos nuestra relación con el Creador como ese blog que se nos olvida escribir cuando hay puente: algo bueno, pero opcional.

Pero el punto de la Semana Santa no era solo recordarlo un par de días, sino iniciar una amistad real y de tiempo completo. Jesús no resucitó para que lo visitemos cada que el calendario se pone rojo, sino para que nos acompañe a trabajar el lunes y nos pregunte: “¿Cómo va la chamba compa?”.

Si hoy sientes que el “subidón” espiritual se te acabó con el último bocado de pescado, no te desanimes. No necesitas una catedral para conectar con Él; puedes empezar con un: “Hola Dios, fíjate que hoy, el lunes, me está costando…”. Porque la verdadera victoria no fue que la tumba quedara vacía, sino que nuestra rutina diaria ahora puede estar llena de su presencia.

Así que, ya sea que estés en la oficina, en la escuela o lavando los trastes de la cena, recuerda: Jesús sigue ahí, incluso cuando ya no es tendencia en redes sociales.

Feliz lunes.

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