Es el título del libro de la serie de Stink con el que comenzamos a inculcarle a Panchita (nombre ficticio utilizado para preservar la privacidad de Samantha), mi hija de seis años el hábito de la lectura. Es un libro muy divertido donde Stink y sus amigos, Webster “el atufador” y “Sofía de los hedores”, participan en un concurso para descubrir quién tiene los tenis más malolientes del universo.
Además de enseñarle a mi hija Panchita, a.k.a. Samantha, que la lectura es algo divertido, siempre buscamos dejarle en claro que el objetivo de la lectura es apropiarse de las historias, el lenguaje, y las experiencias de los personajes; que tuviera claro que leer resulta divertido y enriquecedor porque vemos el mundo a través de los ojos de otras personas.
La biblia, es la palabra de Dios, es viva y eficaz (Hebreos 4:12), pero no parece relevante los lunes en la mañana porque no nos apropiamos de ella. No personalizamos lo que Dios nos habla a través de ella, no vemos la vida a través de sus personajes ni de su autor.
Aprópiate de la parte de la biblia que hayas leído hoy, o ayer, o cualquier parte que recuerdes; y si no tienes una, te compartiré una que cambió mi vida:
“Entregué a otros a cambio de ti. Cambié la vida de ellos por la tuya, porque eres muy precioso para mí. Recibes honra, y yo te amo.” Isaías 43:4
Cuando me apropié de esta parte de la biblia, y entendí que Dios me ve así, mi vida cambió; nunca me he vuelto a sentir indigno o insignificante.
Poco tiempo después nos dimos cuenta que estábamos logrando el objetivo y que mi hija se estaba apropiando de las historias que leía. ¿Cómo lo supimos?, una tarde después de un arduo día de trabajo en la oficina, llegó a casa mi esposa Juanita (otra vez un nombre ficticio ahora para no quemar a Maira), se sentó cómodamente en un sillón y levantó sus pies descalzos en la codera; mi hija caminó hacia ella, y con una expresión de un olisqueador experto contrajo su nariz y dijo, “Maira de los hedores, eres la ganadora”. Nos quedó claro que había entendido la historia.
Te invito a que en medio de un lunes en la oficina, en la escuela, o donde te desenvuelvas, permitas que la biblia sea esa carta de amor de Dios para tu vida.
Feliz lunes.
p.d. Gracias por dejarme contar su historia, las amo chicas. Y no, a mi esposa no le huelen los pies. Feliz 15 de febrero 😉

Una buena forma de inculcar la lectura y sobre todo aprender a comprender el mundo a nuestro derredor
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