La bicicleta que no va a ningún lado.

Hace unos meses mi hija pequeña, que es toda una parlanchina, estaba en una llamada telefónica con el altavoz a todo volumen con uno de sus contactos frecuentes, su abuelo, a quien le gusta mucho llamarle, ya que como ella lo dice: – “Él siempre tiene tiempo, no trabaja en nada, es el pastor”.-  Mientras ellos estaban en la entrega del reporte diario del comportamiento de sus muñecas y peluches, yo aprovechaba el tiempo y hacía ejercicio en la bicicleta estática. Ya llevaba algunos minutos, así que las endorfinas comenzaban a surtir efecto en mi cuerpo y me sentía como un ciclista profesional, estaba feliz y listo para ganar una etapa del “Tour de Francia”” o de la “Vuelta a Italia”. En medio de este gran éxtasis deportivo en que me encontraba escuché que mi papá tuvo la osadía de interrumpir la profunda conversación sobre las muñecas con una pregunta trivial, ¿qué hace tu papá?

La respuesta que dio mi hija fue clara y contundente, “Nada. Está sentado en una bicicleta que no va a ningún lado.” Obviamente eso detonó una gran carcajada en mi papá. Sobra decir que a mi no me causó nadita de gracia; pero el tono despectivo que utilizó mi hija, y la forma de ningunear mi esfuerzo en la bicicleta, fueron tan graciosos que no tuve más remedio que unirme a las burlas a mi persona.

Hace unas semanas leí en biblia la historia de Abraham y fue sorprendente leer y recordar los 25 años que tuvo que esperar el cumplimiento de la promesa que Dios le hizo de darle un hijo; la idea era inconcebible (bonito juego de palabras), al grado que cuando su esposa Sara la escuchó no pudo más que reír. Pero Abraham no se desanimaba, al contrario, creía y obedecía aunque no había respuesta visible. La biblia dice en Romanos 4:19-22:

Aunque Abraham tenía casi cien años, y sabía que pronto moriría, nunca dejó de confiar en Dios. Y aunque sabía que su esposa Sara no podía tener hijos, nunca dudó de que Dios cumpliría su promesa. Al contrario, su confianza era cada vez más firme, y daba gracias a Dios. Abraham estaba completamente seguro de que Dios tenía poder para cumplir su promesa. Por eso Dios lo aceptó.

Tal vez hoy parezca que las cosas que estás haciendo no van a ningún lado, puede parecer que los únicos resultados son solo la frustración y las burlas de quienes te ven esforzarte y no lograr tus objetivos. Pero no es así, Dios está trabajando en tu vida y, si no claudicas, en su momento verás el resultado.

Este lunes quiero invitarte a que no te des por vencido, cree y persevera en las cosas que sabes que son buenas para tu vida, aunque hoy no veas el resultado. Dios está contigo para ayudarte. 

Feliz lunes.

p.d. Después del trauma cambié la bicicleta por una elíptica, aunque ya me enteré que para bajar de peso también hay que hacer dieta 😦

3 Comentarios

  1. Avatar de Oscar Javier Vazquez Ibarra Oscar Javier Vazquez Ibarra dice:

    Me voy a comprar una elíptica y a disfrutar del ejercicio

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    1. Avatar de Gerson Gerson dice:

      No olvides la dieta 😁

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  2. Avatar de Katy Katy dice:

    Me acabas de súper levantar el ánimo, que andaba más allá del manto petrolífero. Muchas gracias.

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