Ahí estábamos mis seis primos y yo, en la fila de cacheo, como todos unos granujas. Todos con las bolsas del pantalón de fuera, con nuestra amplia gama de pertenencias en las manos, que iban desde unas pocas monedas, hasta canicas, corcholatas y quién sabe qué más chucherías que un primo – un acumulador en potencia – tenía en su posesión. Nuestra moral estaba por los suelos, la autoestima en el rincón opuesto de la cafetería donde acabábamos de comer, y nuestra dignidad, nuestra dignidad ese día no fue invitada.
Por un lado teníamos al fiscal, perdón, al mesero, quien nos acusaba fervientemente, y cabe señalar que sin ninguna prueba, de haber robado la propina de una mesa. Una moneda de $5,000.00; las que conmemoraban los 50 años de la Expropiación Petrolera -wow, ya no soy tan joven- Por el otro lado teníamos a la defensa, nuestro abuelo y una tía, quienes para probar nuestra inocencia no tuvieron una mejor idea que la de despojarnos de nuestra dignidad antes de creer en nuestra palabra.
Eso era un ir y venir de acaloradas acusaciones, a nosotros se nos acusaba de ladrones, y al mesero de difamador. Era todo un circo, si bien la cafetería no tenía música en vivo, ese día los comensales sí disfrutaron de un gran show.
Afortunadamente para nosotros la tragedia no duró mucho, en cuanto mi mamá terminó de pagar la cuenta se percató de tan patético espectáculo y llegó a ponerle fin. – Si ellos dicen que no la tomaron, así es, ellos no fueron – dijo con tal autoridad y convicción que el tribunal no tuvo más remedio que dejarnos en libertad.
Durante estos días el cristianismo conmemora la Semana Santa, un recordatorio del sacrificio de Jesús. Ese sacrificio fue con un propósito, la biblia dice en Juan 10:10:
El propósito del ladrón es robar y matar y destruir; mi propósito es darles una vida plena y abundante.
Esa vida plena comienza con la restauración de nuestra dignidad, la cual perdemos cuando desobedecemos a Dios, pero gracias a su sacrificio somos declarados justos ante Dios y somos hechos sus hijos. El único requisito para gozar esa vida plena y abundante es creer y confesar a Jesús como tu señor y salvador.
Este lunes te invito a que aceptes ese veredicto que te declara justo y libre de toda culpa. No más acusaciones, Jesús ya pagó por todo lo que hemos hecho, hacemos y haremos mal; todo está cubierto.
Por cierto, la moneda apareció.
Feliz lunes.

Que bien, que fueron libres de culpa.
Gracias a Dios que nos ha hecho libres de condenación por Cristo
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Robar, matar y destruir es una tendencia instintiva, de supervivencia. Mientras que DAR vida PLENA y ABUNDANTE es un fruto de la OPCION de la CONCIENCiA Y REFLEXION (DIOS?)
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Gracias a Cristo somos libres!
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