Los sonidos del ir y venir de las personas realizando sus actividades indicaban que todo sería un día normal; un día más de humillaciones, menosprecios, y oscuridad; un día más en la oficina para un ciego dedicado a mendigar. Y no, no es el ciego de los pastelitos de lodo, al parecer eso de ser ciego en los tiempos de Jesús era muy trendy; este es otro ciego, él mendigaba en el camino a la ciudad de Jericó.
Cuando este hombre se percató que Jesús pasaría por ahí comenzó a gritar -¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí! Sus gritos eran tan fuertes que incomodaban a la multitud, al grado que le gritaban que se callase. Sin embargo, lo único que consiguieron fue que gritara más fuerte. -¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!
Como dicen las señoras del café, “los astros se alinearon”, Jesús lo oyó. Y no solo lo oyó, detuvo su caminata y pidió que llevaran al ciego ante su presencia. Que momento tan excitante, me imagino al ciego todo emocionado, como cuando te avisan que tienes el número ganador del premio mayor de la lotería. -Ven, Jesús te escuchó y quiere verte. ¿Te imaginas que fueras tú quien escuchara esas palabras?
Y ahí va el ciego, listo para triunfar, todo empoderado, sin miedo al éxito, 😎 cuando de repente escucha la voz de Jesús que le hace la pregunta más desconcertante que leo en la biblia: ¿Qué quieres que haga por ti? 😳 ¿En serio?, “¿qué quieres que haga por ti?” Que pregunta tan fuera de lugar, ¡es ciego!, ¿qué va a querer?, obvio que quiere recobrar la vista. La verdad que la pregunta de Jesús sí me sacó mucho de onda.
Dejando atrás mi asombro, y tratando de entender por qué Jesús le preguntó eso al hombre, me dí cuenta que Jesús no lo preguntó porque no supiera cuál era su necesidad. Con su cuestionamiento, Jesús le dió la oportunidad al ciego de expresar su expectativa y su fe. Porque el ciego bien pudo haber respondido: -quiero un bastón de aluminio y un lazarillo. Pero no, no pidió eso, dijo -¡quiero ver!- Se arriesgó, verbalizó su fe, pidió a lo grande.
El ciego no dudó ni un segundo en expresar su petición. ¿Cuál fue la razón?, él sabía cuál era su necesidad y sabía que estaba ante la única persona que podía resolverla.
Hoy Jesús te pregunta, -¿qué quieres que haga por ti?- La respuesta que vas a dar dependerá de que conozcas tu necesidad y de cuánta fe tienes en que Jesús pueda resolverla. ¿Estás listo para mostrar tu fe y pedir en grande, o te conformaras con el lazarillo? Arriésgate, ten fe y pide en grande.
Feliz lunes.

Hoy voy a pedir algo grande!!
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Gracias por alentarme hoy a pedir algo grande, yo pido hoy algo grande, porque Dios no esta limitado
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