La gran ofensa.

Por favor pase al salón, necesito hablar con usted porque tuvimos un problema con su niña, tuvo una pelea con un compañero. -Fue la frase con la que me recibió la maestra de preescolar cuando llegué a recoger a mi niña. Mientras caminaba al salón mi pequeño hámster se puso como loco, obviamente el primer pensamiento que tuve fue que uno de esos pequeños, e inadaptados salvajitos, había golpeado a mi pequeña, inocente y delicada princesa. Iba como energúmeno, debatiendo conmigo mismo sobre la legalidad y la ética de enseñarle una lección a ese delincuente en potencia, y concluí que era obvio que mi deber con la sociedad era darle unas buenas nalgadas. Porque si se atrevió a golpear a una florecita tan bella como mi hija, imagínate en el monstruo en el que se convertiría con el correr de los años. Estaba decidido, era necesario tomar acción. 😤

Entre al salón, y lo primero que vi fue a mi pequeña toda tranquila y quietecita, uff, me volvió el alma al cuerpo. Sin embargo, la paz no me duró mucho, ya que, al voltear a ver al supuesto delincuente, me llevé una sorpresa enorme. Ahí estaba un niño con los ojos llorosos y con tres tremendas zanjas en el cachete. Resulta que mi pequeña y delicada princesa le dio tremendo zarpazo. 😳

Como todo padre sobreprotector que soy, mi primera reacción fue decir: “algo le habrá hecho a mi hija”. Así que inmediatamente investigué y pude confirmar mi teoría. “Él me ofendió mucho” -respondió mi hija cuando le pregunté por qué había hecho eso. Ya ve maestra, él la ofendió. -Alegué inmediatamente, ya no tanto por esclarecer las cosas, sino para aminorar la vergüenza. Dentro de mí pensé: “Por el tamaño de los arañazos sí debió ser una ofensa enorme”. ¿Cómo te ofendió hija? -Pregunté para conocer el trasfondo del agravio. “Me dijo monstruo” -contestó mi hija en un tono muy indignado. Me quedé sin palabras, y mientras salimos del salon con la cola entre las patas me preguntaba: ¿Y por eso tremendo zarpazo?

En la vida todos nos enfrentamos a ese escenario, donde nuestra sensibilidad y percepción no se ajustan al estándar establecido por la sociedad. Tal vez estés pasando por una situación que para ti representa el fin del mundo y alguien se te acerca diciendo que no debes ahogarte en un vaso de agua; o simplemente minimizan tu sufrimiento. Por ejemplo, a mi la gente no me cree que sufro, me dicen: “Tan guapo, tan listo, tan agradable, tú qué vas a saber de sufrimiento”. 😎 Pero Dios sí sabe lo que sientes, te conoce tan bien, que hasta tiene contados los cabellos de tu cabeza, así de grande es su amor e interés por ti.

Si hoy sientes que nadie entiende por lo que estás pasando, te invito a que no pierdas la esperanza, platica con Dios, Él te escuchará sin juzgarte, y mejor aún, te indicará qué te conviene hacer.

Feliz lunes.

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