¿Un cigarrito? 🚬

Pero no le di el toque, yo solo les pasé el cigarro –fue el gran argumento que le di a la trabajadora social de la secundaria para que no me suspendiera. Y es que minutos antes, durante el receso, el grupo de amigos de tercero de secundaria con los que me juntaba a almorzar tuvo la brillante idea de hacer una degustación de tabaco, porque como buenos adolescentes, después de mucho deliberar y razonar, cayeron en cuenta que, sin lugar a dudas, las instalaciones de la secundaria eran el mejor lugar para hacer sus pininos en el arte de exhalar donitas con el humo del cigarro. 🤦🏻‍♂️

Y el plan era bueno, la degustación marchaba sobre ruedas, y hubiese sido todo un éxito de no ser por algunos puritanos de primer año que fueron con el chisme a la prefectura. 😁 Momentos después, el grupo de fumadores anónimos y anexas, entiéndase los mirones que nada más estábamos ahí para sentirnos grandes, corríamos como hormigas bajo la lluvia para escondernos de la prefecta. Todo fue en vano, en cuanto la prefecta agarró a uno de los fumadores anónimos todo se acabó, cantó como ruiseñor, y sin empacho alguno, delató tanto a fumadores como a mirones que andábamos ahí. 😨

El camino a casa fue largo, me atormentaban las ideas de las múltiples torturas que podría sufrir a manos de mis padres o peor aún, saber que para el atardecer podría ser un indigente más, otro niño sin hogar y sin futuro, ok ok, tal vez estoy exagerando sobre la reacción de mis padres, pero mi culpa y mi angustia sí eran de esas proporciones. Por fin llegué a casa, me armé de valor y entré saludando de lo más casual, con la esperanza de que por eso mis padres no se dieran cuenta que había llegado tres horas antes.

El momento de la verdad llegó, ¿por qué llegaste tan temprano? -preguntó mi papá. No tuve más remedio que dar explicaciones y esperar lo peor, pero para mi sorpresa no hubo torturas, ni me corrieron de la casa. Me quedé impactado por la reacción de mi papá, fue tranquila y mesurada, obviamente hubo consecuencias, pero creo que se dio cuenta que mi propia culpa y angustia eran castigo suficiente. 

Sé que faltan dos semanas para el día del padre, pero hoy quiero adelantarme y agradecerle a Dios por la vida de mi papá. Su estilo de vida me ayudó a entender que Dios Padre no es un viejito enojado que está listo para castigarme cada vez que la embarro (y vaya que la embarro), sino un padre amoroso que está listo para quitar la carga de mis culpas.

Nada me gustaría más, que decirte que a partir de ese día fue un hijo ejemplar, pero no fue así, decidí seguir ejerciendo mi inalienable derecho a la estupidez humana. 😂 Sin embargo, a partir de ese día, cada vez que me equivoqué, sabía que podía volver a casa. Si te sientes culpable o angustiado por alguna metida de pata, no dudes más, vuelve a casa, Dios te espera con los brazos abiertos.

Feliz lunes.

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