¿A ti qué? 🤔

Sigo traumado con la crudeza del registro histórico que hace la Biblia de la resurrección y las cosas que ocurrieron después con los discípulos de Jesús. Fueron todo un espectáculo, encontramos a Juan registrando en el evangelio que corría más rápido que Pedro, o que mientras estaban despidiendo a Jesús, varios discípulos estaban dudando. Y sigo con las sorpresas. Ahora con la historia de Pedro, quien, después de que Jesús se le apareció, decidió que eso de ser discípulo de Jesús no era para él, así que se fue a hacer lo que sabía hacer, pescar. 🤦🏻‍♂️

Y fue justo después de una pésima noche de pesca cuando Jesús se presentó a sus discípulos, y lo hizo con un propósito particular, restaurar a Pedro. Porque seamos honestos, después de Judas, el que más la había regado era Pedro, había negado a Jesús tres veces. Por ahí dicen algunos teólogos que la negación fue motivada porque Jesús había sanado a su suegra. 😂 Ok, ok, eso no dice ni la Biblia ni los teólogos, pero no puedes negar que suena a una razón poderosa. 😬

Regresemos al punto, después de una pesca milagrosa y el respectivo almuerzo —porque esa es otra cosa que amo de Jesús y sus discípulos, siempre estaban comiendo—, Jesús tomó a Pedro aparte y le hizo una pregunta que lo impulsó hacia su propósito: ¿Me amas? Esto se repitió tres veces, y no porque Jesús fuera como esa novia tóxica que nada más te hostiga con esas preguntas, sino porque le dio la oportunidad a Pedro de reivindicarse por cada una de las veces que lo negó. Con esas preguntas Jesús estaba invitando a Pedro a reafirmar la relación que había negado hacía unos pocos días.

La resurrección de Jesús significó que Pedro ya no tenía que ser definido por sus errores. Aún podía seguir a Jesús y cumplir el llamado de liderazgo que Jesús le hacía. Y ese momento en el que se establecía el liderazgo de la Iglesia, en medio de tanta solemnidad, Pedro decide voltearse… porque claramente cuando la conversación se pone incómoda, lo mejor es buscar distracciones. Y ahí lo ve. El famoso discípulo “favorito”, el VIP, el Usain Bolt de los discípulos, Juan. 😎

Pedro lo mira… lo vuelve a mirar… y por qué no, interrumpe a Jesús, señala al otro discípulo y suelta un: —Señor… ¿y este qué? 🤣

¿En serio, Pedro? Te acaban de restaurar como líder después de la mega embarrada que diste y lo mejor que se te ocurre es preguntar: ¿qué onda con Juan? 🤦🏻‍♂️ Pues sí, eso fue lo que hizo, y lo amo por eso; porque, como todo buen ser humano, ejerció su inalienable derecho a compararse con los demás. 😬

Jesús no se la complicó, solo respondió con categórico: “¿A ti qué?” 🤯

Y antes de funar a Pedro, pensemos en la cantidad de ocasiones en las que nosotros perdemos cosas que Dios tiene para nosotros por el simple hecho de compararnos con otros. Nuestra relación con Dios es única y personal, así que la próxima vez que las cosas con Dios se estén poniendo serias y tengas ganas de preguntar: ¿qué onda con el vecino? Recuerda la experiencia de Pedro y solo enfócate en lo que Dios hace contigo. Porque seamos honestos, a ti el vecino, qué. 😂

Feliz lunes.

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