Juan y Petra decidieron deshacerse de sus hijos. 😱 Espera, espera, no me malentiendas; no querían “deshacerse” de sus hijos, sólo querían darles una lección porque estaban desesperados de que sus pequeños adolescentes solo vivían frente a las pantallas, así que decidieron mandarlos durante el verano a la casa de la abuela, al ranchito donde habían crecido.
Obviamente las cosas salieron mal; el síndrome de abstinencia no tardó en manifestarse, Juanito y Panchita empezaban a temblar cual compadres a media cruda porque no tenían su iPad y porque no había Wi-Fi en el establo. 😂 Todo un show, pero al cabo de unos días el síndrome de abstinencia fue desapareciendo y los muchachos empezaron a ocuparse de otras cosas. Juanito fue atraído a jugar con una resortera, ese juguete que utilizábamos para lanzar piedras a grandes distancias y, según nosotros, para cazar pajaritos y otros animales.
A pesar de su interés, Juanito no le atinaba a nada; era malo, muuuuy malo; sin embargo, un día que regresaba de practicar el tiro al blanco, decidió utilizar su última piedra para lanzarla contra el pato que estaba ahí en el jardín. Resulta que era el pato favorito de la abuela; obviamente, Juanito tiró la piedra, pensando que iba a ocurrir lo de siempre, pasar a años luz del objetivo. Para su sorpresa y mala suerte, le atinó al pato; 😮 le dio en la mera cabezota, y el pobre pato ni cuac alcanzó a decir. 🤦🏻♂️
Obviamente Juanito entró en pánico y, para no enfrentar la furia de la abuela, fue a esconder el cuerpo del pato entre la leña. Pensó que la había librado, pero para su mala fortuna, Panchita vio todo desde su ventana. Esa noche, al terminar la cena, la abuelita le pidió a Panchita que lavara los platos. Panchita, toda empoderada por la información que poseía, le respondió a su abuela: “Juanito quiere lavarlos”. Al instante, como todo buen adolescente haría, Juanito respingó en el acto, pero Panchita se le acercó al oído y, con toda la sutileza y mala vibra posible, le dijo: “Recuerda el pato”. 😨
A Juanito le dio el patotus, sí, patotus, porque era pato. 😁 Awww, chiste tierno. Como bien supones, Juanito lavó los platos de la cena… del desayuno, del almuerzo, de la comida, de la merienda. El resto del verano siguió el mismo curso; cada que la abuela le asignaba una tarea a Panchita, ella decía: “Juanito me quiere ayudar”. Y si Juanito intentaba protestar, Panchita sólo tenía que decir la frase mágica: “Recuerda el pato”.
Centenas de trastes después, más de 15 baños lavados, 30 barridas de patio y un sinfín de quehaceres más, Juanito, harto del chantaje, fue con la abuela a confesarse: “Abuela, yo maté a tu pato favorito”. La abuela voltea y le dice: “Lo sé, ese día vi todo por la ventana, y en ese instante te perdoné. También vi que tu hermana empezó a chantajearte, pero quise saber cuánto tiempo ibas a aguantar el chantaje antes de venir a decirme la verdad”. 🤣
Sabes, Dios te vio “matar al pato”, y ese mismo día te perdonó, así que no vivas preso de esas voces que te susurran: “Recuerda el pato”. Mejor, haz las paces con Dios y vive libre de culpas y remordimientos.
Feliz lunes.
