Just in time ⏰

¿Qué tan paciente eres? Yo no soy paciente ni cuando voy con el doctor. Pero a sabiendas de que esto no puede seguir así, decidí tomar acción y mi primer paso fue pedirle a Dios que me diera paciencia. Y eso de hablar con Dios es peligroso, porque sí te escucha, y cállate los ojos, lo peor de todo, te toma en serio. 😂 Aunque tú solo hayas dicho algo al calor de un momento de cruda moral por algún episodio en el que perdí la paciencia más rápido de lo que dices, Popocatépetl.

La respuesta llegó de la manera que menos lo esperé: mi esposa me recordó que mi hija mayor ya debe aprender a manejar. 🤦🏻‍♂️

Enseñar a manejar a una adolescente es un deporte extremo de la paternidad; hay que mantener un balance entre instrucciones firmes y gritos traumáticos, nada fácil cuando se trata de conservar la integridad del vehículo, los transeúntes, los otros vehículos y hasta los perros callejeros que tienen la mala suerte de pasar por ahí mientras una adolescente al volante da sus pininos.

Pero para mi sorpresa todo fue miel sobre hojuelas, después de unos minutos de inducción en la teoría de manejo en los que le expliqué a mi hija los pormenores necesarios para manejar un vehículo estándar, mi hija comenzó a practicar el tan odiado clutch. Desde sus primeros intentos, gracias a mis claras, firmes y sencillas instrucciones, lo hizo muy bien; seguía mis indicaciones al pie de la letra y, en cuestión de minutos, ya estaba practicando las vueltas en las esquinas. No pasaron más de 30 minutos y ya estábamos practicando cómo estacionar el carro en paralelo. 😎

Acto seguido, desperté. Y ahora sí nos fuimos a practicar el arte de arrancar y frenar. 🤣 La cosa se puso peliaguda, 😱 ahorraré tinta (espacio en el blog) y solo diré que terminamos llorando, unos de coraje, otros de nervios, y otros de risa —sí, mi hija menor fue testigo de todo el show y estaba que se meaba de la risa con el espectáculo. 😬

Después de esa experiencia decidimos darnos un tiempo, sí, así como las parejas, dejamos la manejada por la paz por un rato. 😜 Pero hoy decidimos tomar al toro por los cuernos, y fue algo casi literal, porque con la sangoloteada que nos dieron parecía que estábamos en el rodeo. Con decirte que mi hija menor tomó la precaución de llevar su casco de la bicicleta (dato real).

Las cosas fluyeron; no te digo que mi hija ya maneja, peeeero, hoy nadie lloró y el carro sufrió menos. La clave, entendí que todos somos diferentes y que cada quien tiene un proceso distinto; si bien, pienso que hace ya dos años que mi hija debería saber manejar, entendí que su proceso es distinto, y lo mejor, entendí que Dios tiene un tiempo perfecto para ella.

Así que ya sabes, la próxima vez que estés por perder la paciencia porque las cosas se tardan, recuerda que Dios siempre llega a tiempo, y si no me crees, pregúntale a Vozinha, el portero de Cabo Verde, que debutó en un mundial a los 40 años. 😉

Feliz lunes.

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