Sexy 😍

Un nuevo amanecer despunta por la ventana mientras ella se levanta. El día apenas comienza y ella ya lo inicia con toda la actitud, porque hay personas que despiertan con sueño y hay otras que despiertan con una misión. Ella pertenece al segundo grupo. Cumple con el ritual matutino de limpieza y después baja a revisar sus dominios mientras el resto de la familia sigue descansando.

La casa luce impecable después de una ardua jornada de limpieza y, aquí entre nos, ella ama limpiar. Con decirte que estoy seriamente considerando cambiar mi loción por algo que huela más a cloro. Uno nunca sabe; quizá el “Eau de Pinol” sea el secreto para mantener viva la llama del matrimonio. 🤣

En fin, aprovecha que todos duermen y comienza su ritual de Me-time. Minutos después, el aroma a café recién hecho inunda la casa y ella se acomoda con un libro entre las manos. Todo fluye como cualquier domingo: tranquilidad, silencio y esa maravillosa sensación de que, por unas horas, nadie va a preguntar dónde están sus calcetines.

Un buen rato después aparezco yo, como todo buen macho alfa: pijama de Snoopy y mis Crocs mamuts, porque si me da frío en mis piecitos, me enfermo. Y no, no estoy dispuesto a discutir esto. Hay hombres que enfrentan guerras, cruzan desiertos y escalan montañas. Yo protejo mis metatarsos. 😁

La veo ahí sentada, terminando su taza de café, y me acerco con sigilo felino para robarle el último sorbo. Porque sí, podría servirme otro café, pero ¿dónde quedaría la convivencia matrimonial?

Conversamos unos minutos y ella toma una gorra de una de nuestras hijas que estaba sobre la silla del comedor, se la ajusta en su chongo matutino y se levanta. Camina regia, toda empoderada, con ese caminar que intimida, irradiando belleza y confianza. Voltea y me pregunta: —¿Cómo se me ve la gorra? 😨

Ah, la pregunta.

Ese maravilloso artefacto matrimonial diseñado para poner a prueba los reflejos, la inteligencia emocional y, en casos extremos, la supervivencia del esposo.

Porque después de casi 22 años de casado ya no eres un novato. Con el tiempo aprendes que ciertas preguntas no buscan información: buscan confirmación.

No quiere una opinión. No quiere una evaluación objetiva. No quiere escuchar que la gorra podría combinar mejor con otra cosa. Quiere saber si se ve espectacular.

Y uno aprende. Uno madura. Uno evoluciona. 😎

Por eso la miro a los ojos, sonrío con la seguridad de un hombre que ha sobrevivido casi dos décadas y media de matrimonio y respondo:

—Impresionante, mi amor.

Ella sonríe satisfecha. Yo sigo vivo.

Camina un par de pasos y, al pasar frente a un espejo de la sala, ve su reflejo. Se detiene. Observa la gorra. La analiza. La sentencia. No le favorece en lo más mínimo.

Se la quita con dignidad, levanta la barbilla y, completamente segura de sí misma, declara:

—Renuncio a ser sexy. 😆

Y así, sin necesidad de una junta familiar ni de una investigación forense, el espejo acaba de emitir su veredicto.

Nada como un espejo para aterrizarnos. Porque, desafortunadamente, los espejos tienen el mal hábito de devolvernos a la realidad y ubicarnos justo donde estamos.

Y ahí queda perfecto el recordatorio que hoy quiero hacerte: la Biblia es el espejo correcto para medirnos. No el reflejo de la televisión apagada, ni el espejo del baño, ni mucho menos nuestra propia opinión.

Porque uno puede convencerse de que se ve espectacular con la gorra equivocada, pero la Palabra de Dios tiene la desagradable costumbre de mostrarnos exactamente quiénes somos y ubicarnos justo donde debemos estar.

Feliz lunes.

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