Llévele, llévele marchantita 🍪

Hola, amados lectores, una vez más me tocó a mí, la hija menor, la más chula, la mera verdura del caldo, encargarme de la escritura del blog de esta semana. 😎 Y es que el señor que escribe este blog, a.k.a. mi papá, ya se está desentendiendo muy feo; creo que ya hasta lo vamos a dar de baja por irresponsable. 🙄

Pero dejando de lado la quejadera de mi papá, hoy quiero platicarles algo super mega espectacular, un evento digno de ser registrado para la historia culinaria: hoy horneé galletas con mi abuelo. Y es que como ya huele a jingolbel, 🎄sí, se dice jingolbel, no jingle bells, e independientemente de cómo lo digas, el punto es que ya se antojan unas galletas pre-navideñas.

Y no solo horneé por el antojo de comer galletas; lo hice porque pienso conquistar el mundo vendiendo galletas en diciembre, para que vayan haciendo sus pedidos con anticipación. Porque no es por nada, pero las galletas quedaron archirrequeterrecontra mega sabrosas. 🤤

Aunque debo reconocer que hubo un momento en que no seguí al pie de la letra las instrucciones de mi abuelo, le puse menos leche de la que me dijeron y la masa quedó algo reseca. 🤦🏻‍♀️ Afortunadamente, mi abuelo se dio cuenta antes de que comenzáramos a hacer las figuras y lo corrigió. El resultado fue unas galletas con las que se te hace agua la boca (insisto, hagan sus pedidos).

A lo que voy, cuando ya tienes una receta que ha sido perfeccionada por generaciones de tragadores profesionales de galletas, ya no le mueves, no te pones creativa, porque por querer ahorrar un chorrito de leche estuve a punto de arruinarlo todo; en lugar de tener unas deliciosas galletas iba a terminar con galletas tiesas, nivel premio para perro. 🤣 Cosa que hubiese sido genial para Leia, mi perrita, pero pésima para mi emprendimiento de chica empoderada que estoy iniciando. 💅🏻

El punto es que a veces hacemos lo mismo con Dios: Él tiene una receta para que nuestra vida sea una joya culinaria, pero a veces nos ponemos creativos y le movemos a la receta, terminamos echándole sal en lugar de azúcar y quedamos como galletas que ni el perro quiere de premio. 🤣 Entonces no le movamos; Dios sabe lo que hace, solo confía y sigue la receta.

Dicho esto, la mera verdura del caldo, el mero chicharrón del sope, la mera mantequilla de la galleta, su humilde majestad, se despide deseándoles un gran lunes y recordándoles que hagan sus pedidos de galletas. 😉

Feliz lunes.

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