¿Qué mejor tema para el Día de Muertos que la historia de la muerte de Jesús? Spoiler, eso de la muerte no era lo suyo y duró muerto menos de lo que dura mi quincena, 😂 en cuestión de unas horas ya estaba de vuelta. Pongámonos serios, la muerte de Jesús fue un evento que conmocionó a toda la sociedad de Jerusalén y, por encima de todos, conmocionó enormemente a los discípulos de Jesús.
Pongámonos en sus sandalias por un momento: el hombre en quien confiaron para depositar sus vidas y su futuro acababa de morir, y no fue una muerte cualquiera; murió a manos del gobierno invasor que los oprimía y del cual esperaban que Jesús los librase. Si eres mexicano, entenderás perfectamente su situación; seguramente se sintieron como cuando te emocionas con un político en campaña y después lo único que recibes es “el error de diciembre” 😱 (el que entendió, entendió).
Ante tal situación, hicieron lo que cualquier fiel creyente haría: se fueron a esconder. 🤣 Estaban tan abrumados que no creyeron cuando unas de las seguidoras de Jesús llegaron a contarles que Jesús había resucitado, que ellas lo habían visto y que estaba vivo. Seguramente Peter dijo algo como: “Nah, eso no puede ser, están delirando por la tristeza. Mejor ya pongan al Buki con la de “Si no te hubieras ido” y pasen las bebidas espirituosas”. (Es que Peter tenía raíces mexicanas). 😂
Momentos después irrumpieron en escena otros dos discípulos, quienes llegaron diciendo que habían visto a Jesús resucitado. Y justo mientras estaban contando la historia, ¡zas!, Jesús se les aparece ahí mismito en medio de todos. «La paz sea con ustedes», les dijo con toda calma. Pero los discípulos casi se desmayaron del susto; pensaban que se les había aparecido un fantasma. 😱 «¿Por qué se me asustan tanto? —les preguntó—. ¿A poco estoy tan despeinado? 🙄 —Bueno, no preguntó eso, pero hubiese sido genial ese chiste— A ver, miren mis manos y mis pies para que vean que soy yo. Tóquenme sin miedo, los fantasmas no tienen carne ni huesos como los que yo tengo».
Para no dejar lugar a dudas, Jesús les preguntó: “¿Tienen un taquito?” Los discípulos, que no estaban preparados, solo le dieron un pedazo de pescado asado, y Jesús, que no era nada delicado con la comida, se lo echó con singular alegría frente a todos para que no quedara duda de su resurrección.
La angustia que sentían los discípulos les cegó para ver el milagro que estaba ante sus ojos. Tuvieron testimonios fidedignos de testigos confiables y no creyeron; después, Jesús mismo se presentó ante ellos, y su reacción fue decir: “es un fantasma”. ¡¿Qué?! ¿Los discípulos prefirieron pensar que estaban viendo un fantasma, en lugar de reconocer que Jesús había resucitado? 🤦🏻♂️
Antes de juzgar a los discípulos, reflexionemos un poco. Porque seguramente más de una vez has estado tan cegado por el agobio de tus problemas que, en lugar de ver a Dios frente a ti, piensas que estás viendo un fantasma. Estamos tan abrumados que no somos capaces de ver los milagros que Dios hace frente a nuestros ojos.
Así que me gustaría recomendarte que hoy le pidamos a Dios la sensibilidad para reconocerlo cuando está obrando aún en medio de nuestras situaciones más complicadas. Porque no tengas la menor duda, Dios está obrando, aunque no lo veas o pienses que es un fantasma.
Feliz lunes.
